
Creo que es una de esas experiencias que a todos nos apetece de no ser porque miramos la cara B: que debe hacer un frío terrible. Y es que eso de los iglús queda muy mono para los esquimales y sus roces de nariz pero, para los occidentales, resulta un pelín extraño pensar en pasar una noche entre hielo. Para romper ese aparente sueño inalcanzable que puede ser para muchos, Andorra nos lo pone ahora más fácil. Y es que, a 2.300 metros de altura y en plena estación de Grandvalira, podemos vivir una aventura diferente: dormir en un iglú.
Este peculiar hotel helado es, sin duda alguna, una manera sin parangón para los amantes de la nieve de disfrutarla en todo su esplendor y de una manera un tanto peculiar. Con los Alpes Suizos y Alemania como precursores, Andorra se ha sumado a esta moda con una oferta cuanto menos singular: pasar una noche –al menos, los más valientes y menos frioleros quizás se atrevan con más- en un iglú construido íntegramente con nieve. Una experiencia que, yendo incluso más allá, está pensada para compartir con el resto de habitantes de esa noche por lo que las zonas comunes –comedor, terraza y hasta el jacuzzi al aire libre- son una apuesta por conocer gente que haya decidido pasar una noche al más puro estilo polar a pesar de estar en el Principado del Pirineo.
El hotel cuenta con seis habitaciones decoradas cada una a su manera –eso sí, todas ellas diferentes y con la decoración esculpida sobre el hielo- y, pensando en arriesgadas escapadas en pareja que pretendan echarle un órdago a la temperatura, dispone de otros cuatro iglús románticos –con corazones de hielo en las paredes y decoración al efecto- que, pensando en la privacidad, incorporan sus propios jacuzzis dentro del iglú.
Porque eso sí: el entorno es único y supone zambullirse en la naturaleza más invernal. Pero hemos de tener en cuenta que la temperatura interior del iglú es de cero grados por lo que hay que tener ciertas precauciones si queremos que la experiencia no se convierta en pesadilla. Para empezar, ropa de nieve similar a la que podamos utilizar al esquiar –lo siento por las parejitas- y una recomendación “de la casa” cuanto menos curiosa: dos gorros de lana. La explicación es singular: uno de ellos se nos podría mojar usando el jacuzzi. Está claro que, si lo advierten, por algo será.
La estancia incluye, además, un paseo nocturno guiado con raquetas –siempre que el tiempo lo permita- y un auténtico lujo para los amantes de la nieve: poder realizar la bajada con la estación cerrada al público. Y, para quiénes se tomen más a pecho todavía la experiencia, el hotel cuenta con cursillos prácticos de cómo construir tu propio iglú. Algo muy útil, sin duda. Uno nunca se sabe cuándo se va a ver en la situación de ponerse manos a la nieve. Pero mejor que contarlo, hay que verlo.
Foto | Grandvalira Andorra
Web Oficial | Aldea Iglú-Andorra
















Me gustaria recibir información sobre los alojamientos tipo iglú, gracias.